martes, 15 de diciembre de 2009

Ep 71: Los Cuatro Acuerdos – Un Libro de la Sabiduría Tolteca – El Espejo Humeante

Hace un tiempo tuvimos una serie donde revisamos y analizamos una a una las leyes del libro de Deepak Chopra, Las Siete Leyes Espirituales del Éxito, y fue una serie que tuvo una muy buena recepción por parte de ustedes. Hay tantos libros interesantes y por lo general no tenemos mucho tiempo, por lo que me imagino que esa fue la razón de que fuera bien recibido. Así que en esta misión de hacerles la vida más fácil a ustedes y de compartir también las cosas que yo encuentro que me sirven a mí, vamos a hacer una serie sobre el libre “Los Cuatro Acuerdos” de Don Miguel Ruiz, un libro de la Sabiduría Tolteca. El esquema va a similar al que usamos para el otro libro, es decir, este primer episodio va a ser una introducción y luego haremos eso de un episodio o más por capítulo del libro (que son 9) y finalmente si amerita, hacemos uno de conclusiones. Uno de los episodios de la semana va a ser sobre el libro y el otro de otro tema libre para mantener la variedad. Espero que les parezca bien.
Bueno, para quienes no han escuchado de ellos, los Toltecas son los aborígenes precolombinos que habitaban la zona central y norte de México. No quiero entrar en mucho detalle, porque hay bastante controversia sobre este pueblo y de seguro muchos de los auditores saben mejor los detalles de esta cultura, pero lo quiero enfocarme, es en el libro. Si alguien quiere hacer alguna aclaración, por favor les pido que lo hagan en el blog más que por mail directo a mi, ya que de esa manera, queda disponible para que todos puedan verlo.

El libro también parte con una explicación de quienes son los toltecas, y aquí vamos:
Hace miles de años los Toltecas eran conocidos en todo el sur de México como «mujeres y hombres de conocimiento». Los antropólogos han definido a los toltecas como una nación o una raza, pero de hecho, eran científicos y artistas que formaron una sociedad para estudiar y conservar el conocimiento espiritual y las prácticas de sus antepasados. Formaron una comunidad de maestros (naguales) y estudiantes en Teotihuacán, la ciudad de las pirámides en las afueras de Ciudad de México, conocida como el lugar en el que «el hombre se convierte en Dios».
A lo largo de los milenios los naguales se vieron forzados a esconder su sabiduría ancestral y a mantener su existencia en secreto. La conquista europea, unida a un agresivo mal uso del poder personal por parte de algunos aprendices, hizo necesario proteger el  conocimiento de aquellos que no estaban preparados para utilizarlo con buen juicio o que hubieran podido usarlo malintencionadamente para obtener un beneficio personal.
Por fortuna, el conocimiento esotérico tolteca fue conservado y transmitido de una generación a otra por distintos linajes de naguales. Aunque permaneció oculto en el secreto durante cientos de años, las antiguas profecías vaticinaban que llegaría el momento en el que seria necesario devolver la sabiduría a la gente. Ahora, don Miguel Ruiz, un nagual del linaje de los Guerreros del Águila, ha sido guiado para divulgar las poderosas enseñanzas de los toltecas.
El conocimiento tolteca surge de la misma unidad esencial de la verdad de la que parten todas las tradiciones esotéricas sagradas del mundo. Aunque no es una religión, respeta a todos los maestros espirituales que han enseñado en la tierra, y si bien abarca el espíritu, resulta más preciso describirlo como una manera de vivir que se distingue por su fácil acceso a la felicidad y el amor.
Ahora vamos con la introducción: El Espejo Humeante
Hace tres mil años había un ser humano, igual que tú y que yo, que vivía cerca de una ciudad rodeada de montañas. Este ser humano estudiaba para convertirse en un chamán, para aprender el conocimiento de sus ancestros, pero no estaba totalmente de acuerdo con todo lo que aprendía. En su corazón sentía que debía de haber algo más.

Un día, mientras dormía en una cueva, soñó que veía su propio cuerpo durmiendo. Salió de la cueva a una noche de luna llena. El cielo estaba despejado y vio una infinidad de estrellas. Entonces, algo sucedió en su interior que transformó su vida para siempre. Se miró las manos, sintió su cuerpo y oyó su propia voz que decía: «Estoy hecho de luz; estoy hecho de estrellas».
Miró al cielo de nuevo y se dio cuenta de que no son las estrellas las que crean la luz, sino que es la luz la que crea las estrellas. «Todo está hecho de luz –dijo–, y el espacio de en medio no está vacío.» Y supo que todo lo que existe es un ser viviente, y que la luz es la mensajera de la vida, porque está viva y contiene toda la información.
Entonces se dio cuenta de que, aunque estaba hecho de estrellas, él no era esas estrellas. «Estoy en medio de las estrellas», pensó. Así que llamó a las estrellas el tonal y a la luz que había entre las estrellas el nagual, y supo que lo que creaba la armonía y el espacio entre ambos es la Vida o Intento. Sin Vida, el tonal y el nagual no existirían. La Vida es la fuerza de lo absoluto, lo supremo, la Creadora de todas las cosas.
Esto es lo que descubrió: todo lo que existe es una manifestación del ser viviente al que llamamos Dios; todas las cosas son Dios. Y llegó a la conclusión de que la percepción humana es sólo luz que percibe luz. También se dio cuenta de que la materia es un espejo –todo es un espejo que refleja luz y crea imágenes de esa luz–, y el mundo de la ilusión, el Sueño, es tan sólo como un humo que nos impide ver lo que realmente somos. «Lo que realmente somos es puro amor, pura luz», dijo.
Este descubrimiento cambió su vida. Una vez que supo lo que en verdad era, miró a su alrededor y vio a otros seres humanos y al resto de la naturaleza, y le asombró lo que vio. Se vio a sí mismo en todas las cosas: en cada ser humano, en cada animal, en cada árbol, en el agua, en la lluvia, en las nubes, en la Tierra... Y vio que la Vida mezclaba el tonal y el nagual de distintas maneras para crear millones de manifestaciones de Vida.
En esos instantes lo comprendió todo. Se sentía entusiasmado y su corazón rebosaba paz. Estaba impaciente por revelar a su gente lo que había descubierto. Pero no había palabras para explicarlo. Intentó describirlo a los demás, pero no lo entendían. Vieron que había cambiado, que algo muy bello irradiaba de sus ojos y de su voz. Comprobaron que ya no emitía juicios sobre nada ni nadie. Ya no se parecía a nadie.

El los comprendía muy bien a todos, pero a él nadie lo comprendía. Creyeron que era una encarnación de Dios; al oírlo, él sonrió y dijo: «Es cierto. Soy Dios. Pero vosotros también lo sois. Todos somos iguales. Somos imágenes de luz. Somos Dios». Pero la gente seguía sin entenderlo.
Había descubierto que era un espejo para los demás, un espejo en el que podía verse a sí mismo. «Cada uno es un espejo», dijo. Se veía en todos, pero nadie se veía a sí mismo en él. Y comprendió que todos soñaban pero sin tener consciencia de ello, sin saber lo que realmente eran. No podían verse a ellos mismos en él porque había un muro de niebla o humo entre los espejos. Y ese muro de niebla estaba construido por la interpretación de las imágenes de luz: el Sueño de los seres humanos.
Entonces supo que pronto olvidaría todo lo que había aprendido. Quería acordarse de todas las visiones que había tenido, así que decidió llamarse a sí mismo «Espejo Humeante» para recordar siempre que la materia es un espejo y que el humo que hay en medio es lo que nos impide saber qué somos. Y dijo: «Soy Espejo Humeante porque me veo en todos vosotros, pero no nos reconocemos mutuamente por el humo que hay entre nosotros. Ese humo es el Sueño, y el espejo eres tú, el soñador».
Bueno, llegamos al final de esta primera parte de la serie que acabamos de comenzar sobre el libro Los Cuatro Acuerdos, de Don Miguel Ruiz. Espero que les haya gustado y que se queden con la inquietud de verse en los demás, en todo lo que les rodea. Para mí eso ha sido bien transformador, trato de verme en todos los demás, sentir que somos lo mismo. Esto me ha servido en muchos aspectos, por ejemplo, si discuto o me enojo con alguien y recuerdo que yo soy el o ella, que tal vez en alguna ocasión yo podria haber hecho o dicho lo mismo, me cuesta mucho más seguir enojada. Yo creo que realmente todos somos uno. La alegría y la pena de otros tb es mi alegría y mi pena, y mi deseo es generar bienestar y alegría para otros, y de esa manera generar alegría y bienestar para mí. Al dar a otros eso que yo quiero,  también lo recibo yo.
Antes de despedirme les recuerdo las vías de comunicación: mail larutadelavida@gmail.com, blog www.larutadelavida.com, o twitter.com/larutadelavida
La música de este podcast se llama sunshine y es de kevin mcleod.
Ahora me despido, cuidense mucho, un abrazo y buen viaje!


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